De la omisión del deber de socorro. Derecho comparado.

Este post tiene como finalidad efectuar una aproximación al delito de omisión del deber de socorro, previsto y penado en los artículos 195 y 196 del Código Penal, así como establecer los paralelismos exigentes en otros ordenamientos a nivel europeo.

Para ello, comenzaremos con una primera aproximación a la previsión efectuada por nuestro legislador, así como a su configuración doctrinal y jurisprudencial para, con posterioridad atender a los supuestos previstos en otros países.

Omisión del deber de socorro en España:

El artículo 195 del Código Penal Español prevé:

“1. El que no socorriere a una persona que se halle desamparada y en peligro manifiesto y grave, cuando pudiere hacerlo sin riesgo propio ni de terceros, será castigado con la pena de multa de tres a doce meses.

2. En las mismas penas incurrirá el que, impedido de prestar socorro, no demande con urgencia auxilio ajeno.

3. Si la víctima lo fuere por accidente ocasionado fortuitamente por el que omitió el auxilio, la pena será de prisión de seis meses a 18 meses, y si el accidente se debiere a imprudencia, la de prisión de seis meses a cuatro años.”

Así, en una primera toma de contacto, podemos atender a tres supuestos diferentes que; sin embargo, tienen un denominador común: El sujeto activo, un particular; o en otros términos un ciudadano.

Y esta consideración resulta de la previsión que se extrae del artículo 196 del mismo texto, en el que se aprecia la agravación de la conducta típica en atención a que el sujeto activo será “El profesional que, estando obligado a ello, denegare asistencia sanitaria o abandonare los servicios sanitarios, cuando de la denegación o abandono se derive riesgo grave para la salud de las personas (…)”.

Así las cosas, mientras el tipo previsto en el artículo 196 impone la necesidad de que concurran las circunstancias de configuración subjetiva como “profesional” y que en su actuación deniegue asistencia sanitaria o abandone esos servicios; por su parte, el artículo 195 configura un delito en el que, por definición o con carácter excluyente, el sujeto activo no podrá ser el profesional antes aludido.

Sin perjuicio de lo anterior, la casuística de aplicación extiende tanto sus brazos que pretende cubrir todos los supuestos dables en la vida cotidiana en la que surja la necesidad de prestar auxilio a un tercero. Por ello, el primer apartado atiende al ciudadano que, en su actuación omisiva prescinde del más elemental deber de solidaridad -elemento del tipo configurado como bien jurídico protegido por la mayoría doctrinal- sin actuar sobre el cauce natural de los acontecimientos en los que se ve sumida una persona en estado de desamparo y peligro manifiesto y grave. Por su parte, el segundo apartado pretende dar cabida aquellos supuestos en los que el sujeto activo, impedido de prestar auxilio por sus propios medios, no lo solicita por parte de un tercero. Por último, y en atención a la cada vez más presente realidad social en torno al tráfico rodado, aunque no con carácter exclusivo, el legislador da cabida a los supuestos en los que la situación de desamparo viene provocada por una situación fortuita causada por el sujeto activo del accidente precedente, con agravación de la pena si el mismo obedece a una conducta imprudente por parte de éste.

Siendo así, quizás deba atenderse entonces a la naturaleza con la que nuestro Tribunal Supremos ha configurado dicha conducta delictiva. En este sentido, el Alto Tribunal configura el delito de omisión de deber de socorrer en atención a tres premisas:

▪   a) “Una conducta omisiva sobre el deber de socorrer a una persona desamparada y en peligro manifiesto y grave, es decir, cuando necesite protección de forma patente y conocida y que no existan riesgos propios o de un tercero, como puede ser la posibilidad de sufrir lesión o perjuicio desproporcionado en relación con la ayuda que necesita”. De aquí se deriva que la percepción del riesgo para la integridad física o la libertad del sujeto pasivo sea perceptible por el más profano en materia sanitaria -recordemos la previsión de un tipo propio-. Como es sabido, el sujeto pasivo debe colocarse en situación de desamparo, por lo que nace para el sujeto activo un deber típico de actuar; resultando que, si fuere imposible por sus propios medios, entraría en juego el artículo 195.2 CP. El actuar exigido no debe situarle en situación de riesgo propio ni de terceros.

▪  b) “Una repulsa por el ente social de la conducta omisiva del agente

▪  c) “Una culpabilidad constituida no sólo por la concurrencia de desamparo de la víctima y la necesidad de auxilio, sino además por la posibilidad del deber de actuar. La existencia del dolo se ha de dar por acreditada en la medida en que el sujeto tenga conciencia de desamparo y peligro de víctima, bien a través del dolo directo, certeza de la necesidad de ayuda, o del eventual, en función de la probabilidad de la presencia de dicha situación pese a la cual se adopta una actitud pasiva”. Con ello se da cabida a todas las formas posibles en cuanto a los elementos subjetivo del tipo por cuanto la imprudencia, expresamente, vendrá prevista en el artículo 195.3 CP, si deriva de accidente.

A propósito de los supuestos derivados de accidente de tráfico en los que el conductor se da a la fuga, las Sentencias del Tribunal Supremo de 6 de octubre y 3 de junio de 1991 vienen a consagrar que “…éste deber de prestar el auxilio a la víctima de un accidente de circulación ocasionado por el propio acusado constituye una obligación personalísima de éste, de la que no queda liberado por más que pudieran existir otros sujetos capaces de prestar la atención necesaria, deber que sólo cesa cuando haya certidumbre de que el auxilio, en la medida que él mismo pudiera proporcionarlo, ya ha sido prestado”.

Omisión del deber de socorro en el marco europeo

Esta figura delictiva tiene cabida en el resto de ordenamientos de nuestro entorno -Europeo-, en ocasiones con mayor o menor taxatividad en su previsión. Veamos:

▪  Francia castiga la conducta dolosa de obstaculizar (conducta activa) el auxilio de persona en estado de peligro inminente o de combatir un siniestro para la seguridad de las personas en su artículo 223-5. La pena alcanza los 7 años de prisión y multa. Además, el artículo 223-6 atiende a la conducta pasiva de abstenerse de impedir la comisión de un crimen o delito contra la integridad corporal de la persona. Incluso, en epígrafe aparte, la punición de la abstención de prestar auxilio si las circunstancias no le colocan en situación de riesgo propio o de tercero.

▪  Italia opta por la previsión de omitir dar auxilio o noticia a la Autoridad caso de encontrar desvalido o abandonado a un menor de 10 años o persona incapaz de asistirse a sí misma por vejez u otra circunstancia y a quien encontrando un cuerpo humano inanimado o de persona herida o en peligro, no le presta asistencia o aviso a la Autoridad. Si de las conductas antedichas se derivan lesiones o la muerte, la pena resulta agravada hasta el punto de duplicarse.

▪  Suiza, en su artículo 128, prevé como tipos penales la no asistencia a persona herida o en peligro inminente de muerte cuando dichas circunstancias vengan ocasionadas por un actuar precedente suyo y siempre que le resulte razonablemente exigible la prestación de auxilio; así como a quien impide a un tercero prestar ese auxilio o el cumplimiento de ese deber. La pena alcanza hasta los tres años de prisión o pena pecuniaria.

▪  Alemania, por su parte, en el § 221 castiga tres supuestos concretos: I. El auxilio frente a persona necesitada por su juventud, vejez, fragilidad o enfermedad, así como el abandono generando situación de desamparo cuando éstas se encuentren bajo su protección, II. Las acciones cometidas por padres contra hijos, y III. Cuando a través de una acción previa se ha causado un grave daño físico, en cuyo caso, la pena privativa de libertad puede alcanzar hasta los diez años.

Como vemos, el legislador no sólo español, sino europeo ha optado por dar cabida en nuestro ordenamiento penal a una conducta que, como bien sostienen algunos autores, tiene como sustento la necesaria solidaridad ciudadana, especialmente en situaciones que, ya por causas ajenas, ya propias, han colocado a un sujeto en situación de desamparo.

Un saludo,

Samuel Guerrero

@sguerrca

@guerreropenal

http://www.guerreropenalistas.com

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